Extrañas historias en un bosque encantado

Leyendas en bosques encantados

Entre las muchas leyendas de chamanes y hechiceros, Oaxaca, estado ubicado en el sur de México, es uno de los sitios donde más relatos y experiencias corren de boca en boca, entre los viejos de los pueblos. Historias que llaman la atención y atraen a visitantes, tanto mexicanos como extranjeros, ansiosos de escucharlas.

Tal es el caso de la extraña y aterradora experiencia que vivió un grupo de aventureros que se adentró al bosque, a pesar de que los lugareños les advirtieron que la zona es peligrosa, y no tanto porque haya delincuentes, sino porque la gente dice que el bosque está habitado por seres de la naturaleza, como chaneques y duendes, pero también por seres oscuros, principalmente por chamanes negros, brujos y hechiceros, que necesitan de la soledad que la naturaleza brinda.

Así, se cuenta que, en cierta ocasión, llegó un grupo de jóvenes de la Ciudad de México, en busca de aventuras. Aprovechando que sus abuelos paternos vivían en Huautla, tres amigos llegaron a casa de los parientes de Joaquín.

– Sean bienvenidos a la casa -dijo la abuela al acomodarlos para darles alojamiento por una semana, pero les aconsejo que eviten adentrarse en el bosque cuando estén sin compañía, es muy peligroso y no es una zona para jugar ni divertirse.

– ¿Qué nos puede pasar? – preguntó Joaquín con morbo y curiosidad malsana.

– Se han dado caso que los fuereños se pierden, desaparecen y luego son encontrados los cadáveres – le agregó el abuelo. ¡Ese bosque es muy celoso y hay seres a los que nos les gustan las visitas.

La plática se desarrolló sin mayores contratiempos. Los jóvenes se quedarían una semana. Los dos primeros días visitaron el pueblo, conocieron gente y degustaron la comida de la zona, lo cual parecía que era un simple viaje de placer, pero para el tercer día, el morbo por retar a las fuerzas sobrenaturales, los llevaron a tomar una mala decisión.

Dice la gente que el bosque está encantado – dijo Rodolfo con cierta fascinación- ¿No les gustaría ir a buscar chaneques?

– ¿Para qué? – preguntó Luis con cierto temor-. ¿Para qué nos arriesgamos? Hay tanta gente que nos ha advertido a que no vayamos solos…

– ¿Nos vas a decir que crees en esas historias de fantasmas? -agregó Joaquín-. Son cosas que la gente cuenta, pero no hay problema; vamos mañana al río y a pasear por allí.

– ¡Pero vamos a decirle a tus abuelos o a la gente que hemos conocido! – señaló Luis con cierto miedo-. Ellos conocen; vamos a nadar, a caminar, pero acompañados por alguien que sepa a dónde ir…

Sin embargo, las burlas de los otros dos acompañantes fueron más fuertes, y decidió acompañarlos. Se equiparon con comida y agua suficiente para el día, y de listones de colores para señalar el camino de regreso en los árboles.

La magia de un hermoso paisaje hizo que todos los temores se disiparan; nadaron en un agradable riachuelo, caminaron por el bosque y comieron. Descansaban a la sombra de un enorme árbol, cuando escucharon pasos, pero no eran de una persona normal, más bien eran pequeños, como si se tratara en al menos dos seres pequeñitos.

Seres de la naturaleza

– ¡Mira! – señaló Luis a un arbusto que se movía.

Pensando en algún lince u otro animal que se escondía en la maleza, poco a poco se fueron adentrando en el bosque. Como si estuvieran embrujados, siguieron a esas siluetas que se dirigieron a la entrada de una cueva; justo ahí las dejaron de ver.

Con sigilo entraron varios metros. Conforme caminaban la luz del sol fue desapareciendo, hasta que una pesada sombra se apoderó, sin embargo, vieron un pasillo delgado y al final se veía una luz tenue. Caminaron intentando hacer ruido, pero la grava delgada hacía sonar sus pasos. Finalmente se escondieron detrás de una enorme piedra; un raro pero apetecible aroma a carne cocinándose les abrió el apetito.

Pero lo que vieron los dejó sin aliento. Una mujer vieja y encorvada se encontraba sentada en el suelo, frente a una enorme fogata y un gran comal de barro. Efectivamente, la vieja se encontraba cocinando, pero lo que había en el fuego los llenó de asco y terror. Una gran cantidad de manos humanas se asaban en el fuego.

Una vieja cocinaba

Junto a la bruja, un animal horrible, similar a un cerdo, pero de gran pelaje negro y grasoso roncaba, respirando con dificultad. Luis intentó gritar, pero Joaquín le tapó la boca y lo jaló, para regresar con sigilo, pero con prisa a la entrada de la caverna.

Ya en el exterior, corrieron a todo lo que daban sus piernas, pero quizá por el susto o por los nervios, terminaron perdidos, pasando la noche a la intemperie. Fueron poco más de 24 horas las que pasaron extraviados. Para su fortuna, un hombre que pasaba montando un caballo los guio a la entrada del pueblo, donde los dejó.

Preocupados por la ausencia pero ya con calma al verlos bien, los abuelos escucharon con atención la odisea de los aventureros.

– Se los dije – exclamó la abuela a manera de regaño-. Les dije que el bosque es un lugar peligroso, que no cualquiera entiende, pero a la vez es muy celoso y no quiere a los curiosos…

– ¡Yo también se los dije! – remató Luis mientras se persignaba-. ¡Tanta gente que lo advierte no puede estar equivocada!

Publicado por Investigación y mundo paranormal Puerta al más allá

Periodista e investigador de fenómenos paranormales

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